11 de septiembre de 20265 min de lecturaRedacción Livo
Cómo se arma un estadio para un concierto
Un campo de fútbol no tiene zonas. Las tiene cuando alguien decide dónde va el escenario, y esa decisión cambia lo que vale cada butaca.

Un estadio vacío no tiene Oriente 1 ni Cancha 2. Tiene un óvalo de graderío y un campo. Las zonas aparecen el día que el promotor decide en qué cabecera va el escenario, y a partir de esa decisión se reparte todo lo demás.
Lo primero que desaparece son las localidades que quedan detrás. En una configuración con escenario en cabecera, el arco de graderío que da a su espalda no se vende: no es que se agote, es que esa noche no existe. Por eso en el plano de Livo ese tramo no se dibuja en gris de agotado — directamente no está.
Lo segundo es la pasarela. Cuando el escenario avanza sobre el campo, parte la cancha en dos mitades que valen lo mismo pero se viven distinto, y obliga a una tercera zona por detrás que cuesta menos porque ve el show de lejos aunque esté de pie.
Y lo tercero es la puerta. Cada zona entra por el acceso de su lado del recinto, y las zonas premium abren media hora antes para que la gente que paga por estar delante no haga la misma cola que el resto. En el plano de la ficha, el número de la puerta y el de la lista son el mismo número.
Nada de esto es exclusivo de un recinto: es lo que hace cualquier producción grande. Lo que sí cambia de una plataforma a otra es si te lo enseña antes de cobrarte o después.
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